EL SIBARITA URBANO

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“El sibaritismo gastronómico, unido a la inteligencia contribuye a hacer a los hombres amables” Alexandre Grimod de la Reyniere
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domingo, 20 de junio de 2010

Empanadas Tatú: un concepto en comida tradicional


En Tatú, empanadas salteñas, ofrecen platos norteños, como humitas, tamales y locro. Pero a la hora de sentarme, me guíe por el nombre del lugar, y opté por las empanadas. De entre los más de 20 gustos, llamaron mi atención la de cerdo, ananá y ciruela y la de calabaza y puerro, por lo que las incluí sin dudarlo en mi pedido.



Mientras esperaba que las preparasen, se escuchaba por los parlantes música folclórica, que combinada con los tapices y adornos de las paredes y las mesas de madera, creaba un ambiente más que ameno. No estaba en Salta, pero si le sumaba el aroma de las comidas quizás podía imaginarlo.


El pedido tardó en llegar pero valió la pena: los ingredientes frescos y abundantes hacían a las empanadas dignas de ser la especialidad de la casa. ¡Y la arriesgada elección de gustos resultó ser acertada!


Acompañamos la comida con un vino Elementos Cabernet, que resultó ser una combinación ideal. Justo para resaltar las carnes cortadas a cuchillo.



La docena de empanadas con vino está a precio de promo: $60, así que comimos cuatro personas por $15 cada una, y disfrutamos de una cena de calidad en un lugar simple, pero muy recomendable.

Mañana hay partido ¿Quién compra las facturas?



El mundial, se sabe, incentiva los consumos. Los televisores ocupan la primera plana por el furor que se despertó, pero más cotidiano es el caso de las comidas a la hora de los partidos.

El jueves del duelo contra Corea me desperté a las 7am para ir por unas facturas, para acompañar los mates y el imperdible encuentro. Por más que estaba al tanto de que mucha gente iba a hacer lo mismo, me sorprendió ver la cola que llegaba hasta afuera de la panadería “Segundo Retiro”, ubicada en Sanchez de Bustamante y Juncal.


Estuve cerca de desistir y conformarme con mis tradicionales tostadas con queso, pero por suerte tenían todo calculado y la atención fue ágil y llegué a tiempo para el partido. Igualmente, la curiosidad seguía en mí y decidí averiguar sobre este fenómeno mundialista.


El cajero de la panadería, Manolo, no está sorprendido, porque la experiencia de mundiales pasados les enseñó. “Desde el mundial del 1994 que estoy acá y siempre sucede igual, a la gente le gusta acompañar los partidos con facturas”.

Manolo detalla que el aumento de ventas es muy significativo y diferencia su local de otros que se quedan sin mercadería.



Gracias a Manolo y su previsión, vamos a poder seguir disfrutando de los partidos de la selección con facturas recién horneadas. Y si es posible, con dulce de leche.

sábado, 19 de junio de 2010

Como en México, pero en Buenos Aires


Para seguir con esta suerte homenaje culinario a México, no podíamos dejar de mencionar al restaurant “El Salto de las Ranas”, sin dudas uno de los mejores en el rubro*.


El local está ubicado en Rodriguez Peña al 1169, a metros de la Av. Santa Fé, en una zona rodeada de restaurantes con comidas típicas argentinas. El destino me llevó ahí una noche de martes y había gente como si fuese un fin de semana; no tuve que esperar mesa, pero tampoco habían de sobra. A pesar de la cantidad de personas, el ambiente seguía siendo ameno y los aromas de los condimentos mexicanos le brindaban un toque especial.

Ante la abundancia de platos disponibles, recibí la sugerencia del mozo, que resultó ser más que acertada: “La Gran Botana nunca falla”. Por $42, dos personas disfrutan de quesadillastacos ,y chulapas. Los tres eran exquisitos, especialmente las quesadillas con el queso derretido a punto y las tortillas doradas. Poco tenían que envidiarle a los especialistas creadores.


Además, teniendo en cuenta la diferencia entre nuestros paladares y los mexicanos, los condimentos –casi siempre con diversas variedades de picantes- vienen a parte. Si uno no está acostumbrado y no quiere enrojecer de ardor, puede disfrutar de los platos “aporteñizados”, que igualmente conservan un sabor para no perderse.



La visita a “El salto de las Ranas” me estaba sorprendiendo para bien, y sobre el final llegó la frutilla del postre: el atento mozo trajo la cuenta y, antes de que me atragante por el costo acumulado por las riquísimas pintas de cerveza, sin que yo le diga nada me preguntó si tenía la tarjeta de Club La Nación. ¡Una alegría para mis oídos ese 40% de descuento que ofrecen los martes!


Para conocer todos los platos y precios de este más que recomendable lugar, pueden visitar su página web, haciendo click aquí.

*El autor de la nota reafirma su total independencia y ante las posibles sospechas por la parcialidad de la misma, asegura que no recibió ningún tipo de incentivo pecuniario para realizar esta crónica.

domingo, 30 de mayo de 2010

Fajitas con verduras: rápidas, ricas y rendidoras


Desde El Sibarita Urbano venimos ofreciendo una gran cantidad de opciones culinarias para disfrutar en la ciudad de Buenos Aires: bares, restaurantes, cafés y otros diversos locales. La propuesta de hoy es una sugerencia para cocinar en casa y disfrutar como si se hubiese ido a comer afuera: fajitas con verduras.

Las típicas fajitas mexicanas –tortillas las llaman en ese país- hoy pueden conseguirse en casi todos los supermercados, producidas por las grandes panificadoras, Bimbo y Fargo. Antes de comerlas, es recomendable un golpe de horno para dorarlas y consolidar el sabor.

Las verduras pueden ser elegidas según el gusto de los comensales, pero una muy buena combinación se logra con: zapallo, zanahoria, cebolla, brotes de soja y morrón. El corte más recomendable es en tiras largas, de la misma medida o más pequeñas que las fajitas.



Una vez que están preparadas, cocinar en una sartén grande o en un wok, preferentemente con aceite de oliva. Se aconseja poner las zanahorias antes, ya que tardan más tiempo, y los brotes de soja al final. Durante los últimos minutos, con todas las verduras jutas, el sabor de cada una se nutre del resto y se realzan mutuamente.

Así, en unos pocos minutos, una rica comida ideal para acompañar con vino tinto y gente amiga.

domingo, 16 de mayo de 2010

La Academia: 24 horas de refugio y billar


El bar La Academia , ubicado en Callao y Corrientes, es una especia rara en estos tiempos: no tiene música de fondo ni televisiones con sonido. Un recoveco de silencio donde sólo se escuchan las voces de los concurrentes y mozos, el ruido de la cocina y las bolas de billar de fondo. Algo de paz se encuentra al cruzar esas puertas, que dejan atrás la avenida Callao, con sus colectivos y multitudes.




Este tradicional bar, abierto las 24 horas para los trasnochadores, ofrece una comida típica de bares porteños y varias mesas de billar para pasar el tiempo.





La hora de juego cuesta $16 pesos, salvo en la hora pico, que llega a $18. También se puede aprovechar para una partida de cartas o juegos de mesa. Una excelente opción para acompañar estos divertimentos puede ser uno de los sabrosos y abundantes sándwiches que ofrecen por $15, con una cerveza de litro a $22: dos personas más que satisfechas.

El la web circula una muy buena crónica romántica sobre este bar. Se puede leer haciendo click aquí.

“Lo que era la Jockey”: calidad express



El bar-restaurant “Lo que era la Jockey” está ubicado en pleno centro porteño: la esquina de Cerrito y Sarmiento . A metros del obelisco, se puede disfrutar de almuerzos de gran calidad a precios interesantes. La oferta en cafetería también es atractiva.


Al mediodía, los manteles cubren las mesas y los menúes ejecutivos son la estrella del lugar. Los platos van variando pero siempre se ofrecen tres opciones, que van desde los $32 a los $40, segundo plato y postre incluidos. La comida es toda muy buena, pero una mención especial merece la lasagna de verdura, exquisita.



Una alternativa para quienes disfrutan del buen comer en medio de un día trajinado del microcentro porteño.

El ex Diputado Carlos Raimundi, un habitué del lugar.

lunes, 19 de abril de 2010

Campeones, no sólo de fútbol

El club Glorias de Tigre es muy conocido en la zona por el nivel de sus jugadores de fútbol sala y sus buenas actuaciones en los torneos de AFA. Sin embargo, también posee un restorán que no puede dejar de ser visitado por aquellos que disfrutan de la comida simple y tradicional, pero bien preparada.


Según sus mozos, “es el restorán elegido por la gente del barrio”, y no parece ser mentira, ya que todas las noches, a partir de las 20, resulta casi imposible conseguir mesa.

Las opciones del menú son las típicas, pero no por eso menos atractivas. Los cortes a la parrilla tienen un nivel que muchos restoranes paquetes de Puero Madero envidiarían, especialmente la entraña, el plato económico más sabroso del lugar. Las pastas abundantes y con salsas gustosas a elección salen con rapidez y se puede aprovechar los jueves que preparan especialmente ravioles caseros de verdura. Por si esto fuera poco, ofrecen pescados a la parrilla y rabas para acompañar cualquier comida.

El ambiente es ameno y la atención cordial y amistosa a la vez. Un gran ventanal da a la cancha de fútbol, por lo que, si se coincide, se pueden ver los entrenamientos del equipo mientras se disfruta de la cena. Este detalle lo hace no apto para quienes exigen completo silencio a la hora de las comidas.

Glorias no quedó exento del aumento de precios y una cena completa con postre puede costar hoy cerca de $45 por persona.

Ubicado en Cazón al 1011, el acceso es muy simple, ya que se encuentra a pocas cuadras de la estación de tren Tigre:
Ver mapa más grande

lunes, 5 de abril de 2010

¿Por qué comemos lo que comemos?

Esta es una pregunta que poco nos hacemos. Quizás porque creemos que simplemente seguimos nuestros gustos o porque tampoco cuestionamos todas las actividades diarias que realizamos casi por rutina. Sin embargo, hilando más fino podemos encontrar otras formas de responder.

La investigadora mexicana Úrsula Oswald, especialista en temas alimenticios y cuestión social, relata una situación que, aunque lejana, puede hacernos pensar las respuestas a esta pregunta desde otra óptica.

Según ella, la comida tradicional de los pueblos campesinos de su país, a base de maíz y frijoles, es de lo más nutritivo que puede encontrarse acorde al ecosistema local. Sin embargo, asegura que en las zonas rurales el consumo de “comida chatarra” aumentó vertiginosamente en los últimos tiempos al ritmo que descendió el de los platos tradicionales.

“Este cambio se dio porque hoy en día comer snacks y tomar Coca Cola es muestra de un estatus social más alto. Si comen frijoles con tortillas se sienten más pobres”, afirma Oswald.

Así, señala que al elegir nuestras comidas ponemos en juego mucho más que nuestros gustos individuales o las tradiciones familiares; como en muchas de nuestras elecciones, almorzar una cosa u otra puede hablar sobre nosotros y nuestra posición social.
Entonces, es válido volver a preguntarnos… ¿Por qué comemos lo que comemos?

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A continuación, un video de Úrsula Oswald disertando sobre la Paz y la Utopía